Salida a una explotación agrícola ecológica de SariegoDimos un toque de variedad en nuestras salidas y la última, el domingo 10 de julio, adquirió un carácter formativo y ecológico, la visita a una explotación agrícola de producción ecológica en Sariego, coordinada a través de otra asociación: Cambalache, de Uviéu. Cambalache surgió hará una década, desde un grupo de jóvenes con una visión alternativa y transformadora de la sociedad, decididos a cambiarla desde la acción política, por lo menos en su entorno inmediato hasta donde tienen margen de actuación, abiertos a la participación de toda persona o grupo con similar idea alternativa, por su local participan todos los meses grupos sociales, activistas de toda índole, en debates, reuniones, proyecciones, de carácter ecologista, sindical, político, de defensa de los derechos humanos, etc. A su vez, mantiene grupos de trabajo permanentes que tratan temas de común interés de la gente de la asociación, se crearon grupos sobre la inmigración, el feminismo, la agricultura ecológica; talleres semanales sobre teatro, yoga, los hubo sobre salud, etc.
La actividad de este día se realiza a través del Grupo de Consumo de Cambalache. Este grupo pretende fomentar un consumo alternativo en el ámbito de los productos alimenticios, ir más allá de lo que es una tienda que comercia alimentos de productores anónimos, desconocidos y lejanos, donde por medio hay intermediarios que obtienen su parte de ganancia en un negocio con zonas más bien oscuras. En Cambalache se busca, sin embargo, la transparencia y la comunicación entre todos los protagonistas del mercado. La relación entre productores y consumidores es directa, todos se conocen, ambos forman parte del Grupo de Consumo, se establecen puentes de colaboración y entendimiento, hay reuniones periódicas en común para tratar problemas y necesidades comunes, se buscan precios justos y obtener un beneficio mutuo.
Pues hoy se trataba de visitar la finca ecológica de Lorena y David, jóvenes emprendedores y entusiastas que partieron de cero, se criaron en la urbe, lo que les unía con el campo eran unas tierras por Sariego de familiares, fue ése el estímulo para empezar, desde el principio en plan autodidacta, aprendiendo una profesión nueva, leyendo, informándose, aprendiendo de la experiencia de quienes trabajaban la tierra, ahora ya hechos con el oficio, con un aplomo y un saber que ya quisiera mucha gente que dice ser de campo de toda la vida. Debieron sortear muchas dificultades, la falta de experiencia y las incertidumbres inevitables del comienzo, el abrirse en un mercado y un entorno que no ofrece facilidades, tras años aún no están del todo instalados en Sariego. Trabajan fuera en otros oficios, lo cual acentúa el mérito de lo conseguido y el valor de su empeño. Aún están pendientes de que el propio Ayuntamiento, el Principado, les arreglen todos los papeles para regularizar su situación y facilitar su definitiva residencia en Sariego, trámites que se eternizan en los años. Deben luchar con la incomprensión, intuyo entre colegas que se preguntarán a dónde van estos, alguna envidia habrá también, o entre los potenciales consumidores de una tierra asturiana proclive a actitudes paletas o provincianas, poco dada a la innovación y al cambio, que cerró hace poco el único restaurante ecológico que teníamos: El Árbola de Uviéu. Si no hay más que ver la parca variedad en productos de la tierra que ofrecen los paisanos en los diferentes mercados asturianos frente a la riqueza multicolor de las huertas mediterráneas, boniatos, batatas, chirivías, borrajas… son sabores que se resisten a cruzar el Payares y a ser probados por sus gentes. Deben enfrentarse a las dudas de muchos de aquí preguntándoles sobre qué es eso de lo ecológico…, pero ellos no se arredran, si aquí no venden ponen sus fresas, arándanos… en manos de la gente del País Vasco, Madrid… lo único que tienen claro es que no se rinden. Tienen nuevos proyectos para ampliar sus ya extensas fincas, de experimentar con nuevos productos, mejorar la infraestructura de la explotación, con una balsa de agua para el riego, etc.
La insignia de los productos de esta explotación es lo que se podría llamar como “frutas del bosque”: fresas, frambuesas, grosellas y arándanos. Y no parece casualidad, la finca está orientada hacia el sur y rodeada, precisamente, de un tupido bosque mixto asturiano, de carbayos y castaños. Todo está muy estudiado, antes de empezar los protagonistas hicieron concienzudos estudios del terreno, en diferentes zonas, analizando la calidad de la tierra, su composición, pH… Y cada cultivo se ubica en su lugar más óptimo, así los arándanos están en los lugares de mayor acidez, consecuentemente ellos crecen con una vitalidad admirable. Las fresas con un tamaño que nada envidian a los llamados “fresones” de Huelva y, como ellos dicen, no necesitan, al contrario de aquellos, de ningún aderezo para darles sabor, como la nata o el azúcar, pues estas fresas en crudo son una delicia. La ausencia total de abonos sintéticos, de plaguicidas, herbicidas, la adaptación al medio natural, marca la diferencia.
Con todo lo visto parece que la crisis, hoy tan de actualidad, no pasa por Lorena y David, se les puede pronosticar mucho futuro. De allí salimos aún más contentos con la merienda de despedida con la que nos sorprendieron, chorizo de la tierra y unas tortillas de patatas exquisitas, si les hubiera dado por la cocina hubieran tenido éxito…

El Grupo de Consumo en su visita a la finca ecológica de Sariego, en el área de los arándanos, protegidos por redes para que no se los coman los pájaros

Vista del pueblo cercano de Lamasanti y sierras cercanas. En primer plano fresales
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